Detrás del producto

Por qué le dijimos que no al español neutro

Trama empezó a crecer en otros países y tuvimos que tomar una decisión de producto incómoda: lo más fácil era hablar en español neutro. Elegimos lo difícil, y acá contamos por qué.

Yaco Peralta
Yaco Peralta4 min de lectura
Imagen editorial de portada para Trama sobre IA y turismo en Latinoamérica. En el centro aparece una interfaz de chat de Trama con una consulta de viaje a Cancún, conectada mediante líneas amarillas a distintas respuestas adaptadas por país: Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México y Lima. Cada tarjeta muestra una forma local de responder en español, reforzando la idea de que una misma lengua no implica el mismo tono cultural. El diseño usa fondo crema, acentos amarillo dorado, tarjetas suaves, referencias sutiles a viajes y el wordmark “trama.” en la parte inferior.

Hace unas semanas nos pasó algo que no teníamos del todo previsto: Trama empezó a crecer fuera de Argentina más rápido de lo que esperábamos. Agencias de otros países, pasajeros de otros países. Y con eso llegó una decisión de producto que parecía menor y terminó siendo de las más importantes que tomamos.

El agente atiende pasajeros. Esos pasajeros escriben desde Bogotá, desde Lima, desde Ciudad de México, desde Montevideo. Todos en español. Y ahí estaba la trampa: como todos hablan español, lo fácil era hacer que el agente respondiera en un solo español. El famoso español neutro.

Decidimos que no. Y vale la pena contar por qué, porque atrás de esa decisión hay algo que define cómo pensamos el producto entero.

La misma lengua no es el mismo idioma

Un pasajero colombiano que pregunta por un viaje espera cierta cordialidad. Un “con mucho gusto”, un diminutivo amable, un trato que se siente atento. Un argentino quiere lo contrario: que vayas al grano, “dale, mirá, listo”, sin tanta vuelta. Un mexicano espera calidez y formalidad a la vez, un “claro que sí” que lo haga sentir bien atendido. Un peruano, algo más mesurado y respetuoso.

La misma consulta, contestada exactamente igual en los cuatro, conecta con uno y suena ajena en los otros tres. No porque esté mal escrita. Porque está escrita para nadie. El español neutro es un idioma que no habla ninguna persona real. Es un promedio. Y un promedio no le cae bien a nadie, simplemente no le cae mal a nadie. En atención al cliente, eso no alcanza.

En turismo menos que en cualquier lado. El pasajero no está comprando un producto de góndola. Está por confiarle a alguien sus vacaciones, su plata, sus días libres del año. La primera impresión importa, y la primera impresión es cómo le hablás.

Por qué el español neutro era la salida fácil

Seamos honestos: el neutro es cómodo. Es una sola forma de responder, una sola que mantener, una sola que revisar. Adaptar el agente a cada país es más trabajo, más detalle, más pruebas. Es meterse en cosas que no se resuelven con un buen modelo de IA, sino entendiendo cómo habla y qué espera la gente en cada lugar.

Durante años, la respuesta del software a este problema fue justamente esa: el promedio. Poner todo en neutro y seguir. Era lo razonable cuando adaptarse a cada cultura significaba contratar redactores en cada país, mantener mil versiones, multiplicar el costo. El neutro no era una decisión estética, era una restricción económica disfrazada de decisión estética.

La parte paradójica

Acá está lo que más nos interesa del asunto. A la IA se la acusa de homogeneizar, de aplanar todo, de llevarnos a un mismo molde genérico. Y sin embargo, bien usada, permite exactamente lo contrario.

La restricción que obligaba al neutro ya no existe. Hoy un mismo agente puede hablarle a un colombiano como le hablaría un colombiano, y a un argentino como le hablaría un argentino, sin multiplicar el costo ni el equipo. La herramienta que muchos ven como una aplanadora cultural es, bien usada, lo que nos deja ser más específicos, más cercanos, más humanos con cada persona. No menos.

Es paradójico, pero tiene toda la lógica: lo que parecía condenarnos al promedio es justo lo que nos libera de él.

Lo que esto dice de cómo pensamos Trama

Esta decisión, que arrancó como un detalle de redacción, terminó siendo una declaración de principios. En turismo no alcanza con la tecnología. Podés tener el mejor modelo del mundo, pero si no entendés las culturas, las personas y lo que pasa en cada realidad, estás construyendo una herramienta sorda.

Por eso lo que para otros es una casilla de configuración (“idioma: español”) para nosotros es una parte del producto en la que vale la pena meter horas. Incluso un sábado. Porque el día que un pasajero en Bogotá siente que del otro lado hay alguien que le habla como le hablaría un paisano, dejamos de competir con un chatbot y empezamos a parecernos a lo que el turismo siempre fue: una conversación entre personas que se entienden.

La misma lengua no es el mismo idioma. Y ahora que por fin podemos honrar esa diferencia sin que nos cueste un equipo entero, no hay ninguna razón para volver al promedio.

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Yaco Peralta

Yaco Peralta

Co-founder & CEO, trama.

Construyendo trama. para que las agencias de viajes vuelvan a tener foco en la asesoría humana.

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